Ambas debieron haber vuelto de las compras. Yvonne sostenía el brazo de su madre con una mano y llevaba algunas bolsas con la otra.
—Duncan, ¿vas a salir?
Preguntó Margaret al ver a su hijo.
—Mamá, señorita Yvonne.
Saludó Duncan. Luego, añadió:
—Mamá, tengo algo urgente que hacer y no tengo tiempo para atenderte y a la señorita Yvonne. ¿Qué te pareces que esperas en mi oficina o te vas a casa?
—¿Cuál es la prisa?
Preguntó Margaret preocupada.
—Solo es urgente.
No importaba lo tonto que pareciera