Se suponía que la noche en Cross Mansion sería tranquila.
Se suponía que lo era.
Damian yacía en su cama, con un brazo sobre los ojos y el otro sosteniendo su teléfono que no había mirado en diez minutos. Su cuerpo se sentía pesado. Su mente se sentía peor.
Paz. Finalmente.
La puerta llamó.
Una vez.
Dos veces.
Damian gimió. “No estoy muerta.”
La puerta se abrió de todos modos.
Aria entró, con el bolso todavía en su hombro, los tacones arrancados en su mano como si fueran armas.
“Buenas noch