Al día siguiente, Lucas invitó a Aria a su oficina.
Aria entró en la elegante oficina con paredes de vidrio de Lucas, el sol de la tarde atravesaba las persianas formando líneas nítidas sobre el piso pulido. Respiró hondo, dejando que el aire tranquilo pero peligroso que llevaba se asentara a su alrededor. Lucas, como siempre, parecía increíblemente sereno, recostado en su silla como si el mundo entero le debiera atención.
“Oh, eres puntual”, comentó con una sonrisa. "Eso me gusta".
"No me gusta esperar", respondió Aria suavemente, cruzándose de brazos mientras escaneaba la habitación. Sus ojos se posaron en la figura parada en silencio junto a la ventana: alta, musculosa, con una expresión que equilibraba perfectamente el estado de alerta y la indiferencia.
“¿Y quién es?” preguntó, levantando una ceja mientras se quitaba las gafas, dejando que sus ojos se encontraran directamente con los del hombre.
La sonrisa de Lucas se ensanchó. “Conoce a Daniel, nuestro testaferro”.
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