El silencio presionó contra la habitación como un ser vivo.
Damian Cross permaneció allí frío, inmóvil, con la mirada fija en la mujer junto a la ventana.
Aria Carter.
Su esposa.
Su enemiga.
Su mayor distracción.
La tenue luz plateada de la luna cayó sobre su figura, captando el brillo de su cabello, el desafío en sus ojos y el veneno envuelto en esa voz suave, casi melancólica.
“Haré Te enamoras de mí, Damian Cross”, susurró, sin darse cuenta de que él estaba mirando. “Sólo para poder romperte