La escapada de fin de semana había terminado.
También la paz que vino con ella.
De vuelta en la mansión Cross, el aire llevaba su habitual tensión silenciosa, una especie de quietud que hacía que incluso las paredes parecieran escuchar. La abuela Eleanor estaba sentada elegantemente en el sofá, envuelta en su chal color crema, hojeando una revista como si no acabara de presenciar un escándalo viral en el desayuno.
“Tráeme un vaso de jugo de naranja”, le dijo perezosamente a uno de los sirvient