Aria fue a su habitación, sorprendida y confundida al mismo tiempo.
Su teléfono vibró en la mesita de noche. Una mirada a la pantalla y su corazón se ablandó. Mamá.
Suspiró antes de contestar.
“Buenos días, mamá”.
“Buenos días, querida”, llegó la voz familiar y cálida de su madre, del tipo que siempre se siente como un suave abrazo.
“Querida, sabes que el cumpleaños de tu hermana se acerca este sábado. No sé si te ha enviado una invitación”.
Aria puso los ojos en blanco ligeramente, su tono s