Polo se rió fríamente.
Omar le había contado cómo era todo el asunto, y él estaba intentando pensar en alguna manera de arreglar lo de Sonia, ¡pero no pensó que ya había acudido a él por su propia voluntad!
—Cariño, no tienes que preocuparte por esto, yo...
—¡Deja que me ocupe yo de esto!— la mirada de Lucía era firme.
Polo se volvió y la miró con cierta preocupación, con su gran mano acariciándole la cintura.
—Si no estuvieras embarazada, definitivamente te dejaría manejarlo. Pero ahora estás e