Lucía García quedó un poco atónita, su rostro encantador se puso un poco rojo, y sus labios se curvaron ligeramente.
Aunque había oleajes en su interior, aún mostraba una calma aparente, manteniendo su excelente compostura.
Domingo Juárez apreciaba mucho su capacidad para mantener la calma en cualquier situación.
—Si no dices nada, lo tomaré como un sí. —dijo él sonriendo. —Después de todo, cuando te cases con Polo, serás la dueña de la familia Juárez y toda la gestión de la propiedad quedará en