Carlos Juárez quedó desconcertado.
Mostrar tal comportamiento vergonzoso frente a todos, hizo que perdiera su dignidad y reputación.
¡Sin embargo, en ese momento, ni siquiera Diego Juárez parecía verlo!
Carlos Juárez estaba a punto de llamar a Diego cuando se dio cuenta de que su buen hijo se había escabullido sigilosamente entre la multitud.
—¡Diego! ¡Diego Juárez!— exclamó Carlos furioso, —¡maldito!
—¡Paul, acompáñame de vuelta!
Paul lo miró de reojo y dijo. —Lo siento mucho, señor Carlos, per