Lucía dio un grito sorprendido, pero ya era demasiado tarde para escapar. En un abrir y cerrar de ojos, Polo la sujetó firmemente.
"Querida" el hombre le sujetó la muñeca y susurró en su oído, "¿cuánto dinero hay en esta tarjeta?"
Lucía fue sincera y respondió sin pensarlo: "Es tu antigua tarjeta negra, no hay dinero dentro, pero no hay límite para gastar..."
Apenas sus palabras se desvanecieron, sus labios fueron asaltados por el beso de este hombre salvaje como una bestia.
Lucía casi no podía