Ánsar vaciló, como si algo le obstruyera la garganta, y su mirada se volvió gradualmente triste.
Lucía pensó que había tocado una fibra sensible en él y se sintió culpable, así que cambió rápidamente de tema. "Tío, veo que tu gato parece estar bien, ¡no parece estar enfermo!".
"Oh..." Ánsar volvió en sí y forzó una sonrisa, "Él... no se ha sentido muy bien estos últimos días. Creo que sería mejor hacerle un chequeo".
"Pero la fila es realmente larga", suspiró Lucía.
La clínica veterinaria no era