Al dejarla en casa, Dante se dirigió a una pastelería y encargó un pastel de rosas para mí. Era un postre de edición limitada que volaba apenas salía a la venta, siempre con largas filas de clientes esperando su turno.
Esa pastelería pertenecía a la familia de Dante. Recuerdo haberle suplicado muchas veces, con antojo, que usara su influencia para conseguirme uno de esos pasteles. Su respuesta siempre era la misma:
—Eres la futura dueña, Leonor. Da ejemplo y respeta las normas del local.
Me resi