John apenas lo miró, concentrado en su tarea.
—Se fue a casa.
Dante suspiró, aliviado.
—¿Cuándo partió?
John esbozó una sonrisa irónica.
—Si te apuras, tal vez la encuentres en el aeropuerto.
Dante asintió y se preparaba para salir cuando Marta apareció, tambaleándose hacia él. Su cara estaba manchada de tierra, y los brazos y piernas, llenos de raspones; su pierna herida comenzaba a sangrar de nuevo.
Dante no dudó. Corrió a su encuentro y la levantó con delicadeza.
—¿Qué haces aquí? —La miraba