Santiago sintió un escalofrío en su corazón y, con el ceño fruncido, tocó la bocina del coche. Valentina, al ver a su esposo dentro del vehículo, preguntó sorprendida.
—¿Qué haces aquí?
—Solo pasaba por aquí de camino a casa —respondió Santiago, sintiéndose algo culpable, pero manteniendo la compostura.
En los ojos de Valentina se encendió una luz de esperanza. «¡Parece que no hay mal que por bien no venga! ¡Mi esposo es un ángel enviado por el cielo!», pensó.
Con una sonrisa llena de expectativ