Cristina fruncía el ceño, su voz cargada de esa resignación típica de los mayores.
Al oír «no se interesa por las mujeres» Valentina sintió un tic en el párpado; una sospecha brotó en su corazón. Al instante siguiente, escuchó su propio nombre saliendo de los labios de la «tía Cris».
—¿Valentina? Ja, la mujer de Coralia sí que tiene sus trucos, pero engañar a Santiago para casarse con nuestra familia Mendoza no es tan sencillo.
Cristina dejó de lado su actitud amable y complaciente que tenía del