Aún no había terminado de hablar cuando la voz al otro lado del teléfono se tornó repentinamente sombría, impregnada de una urgencia impaciente.
—¿Por qué perder el tiempo? ¿Quién tiene eso?
Era evidente que Thiago había acertado.
Santiago tenía prisa por asistir a una cena de gala, ¡y seguro tenía que ver con Doña Mendoza!
Probablemente era una cita en la cena.
Consciente de la urgencia del asunto, Thiago no se atrevió a demorarse.
—Don, por favor, dame un minuto.
Tras decir eso, colgó el teléf