Alonso y Lucía se quedaron perplejos al escuchar la propuesta de don Raúl.
Se miraron, y Lucía, aún confundida, estaba a punto de decirle a don Raúl que ella ya era su nieta.
Sin embargo, don Raúl, mostrando cierta impaciencia, insistió, ofreciendo los beneficios de ser su nieta.
—¡Está bien, seré tu nieta! —aceptó Lucía, pensando que don Raúl aún no estaba completamente consciente y decidió seguirle la corriente.
La felicidad de don Raúl era palpable.
Inmediatamente, le ordenó a Alonso preparar