Al mismo tiempo, Santiago también se detuvo en seco.
—Valentina... —Santiago esbozó una sonrisa.
No era consciente de que Valentina lo estaba mirando fijamente, simplemente estaba feliz de que finalmente ella fuera a hablarle. Pero en un instante, como un balde de agua fría, su alegría se desvaneció.
—¡Deja de seguirme! O si no... llamaré a la policía.
Valentina lanzó esta amenaza y, dando media vuelta, llamó un taxi.
La sonrisa de Santiago se congeló en su rostro, y para cuando volvió en sí, el