El auto corrió como un rayo, y se detuvo en la entrada del centro comercial de lujo más famoso de la ciudad S.
-Señorita López, puede entrar y comprar lo que quieras. Llámeme cuando quiera irse y vendré a recogerla.
A David le quedaban algunos asuntos en la compañía, por eso se lo dijo y se marchó.
Ana asintió con la cabeza y entró sola al centro comercial.
Al ver la deslumbrante variedad de productos y los precios excepcionalmente caros, no pudo evitar sentirse sorprendida.
Desde que Pablo Lóp