Lucío, que había sobrevivido estos días solo con la ayuda de una aguja de nutrición, al recibir repentinamente su libertad, tardó un poco en reaccionar. Tambaleándose, intentó levantarse para abandonar este lugar, preguntándose cómo estarían Ana y Javier...
Pero su cuerpo estaba demasiado débil. Solo pudo dar unos pocos pasos antes de caer al suelo. Luz corrió a ayudarlo.
—No tienes por qué preocuparte más, el niño ya ha vuelto con Ana, tu abuelo ha renunciado a la idea de pelear por su custodi