A pesar de la actitud helada de Ana, a Lucas no parecía importarle en lo más mínimo. En cambio, su mirada se posaba en el durmiente Javier, reacio a apartarse.
—Ana, he venido a ver a Javier.
Dijo Lucas, acercándose silenciosamente a la cama del hospital. Javier dormía placenteramente, su pequeño rostro se veía demacrado, pero aun así adorable como un muñeco, dando a la mirada del hombre un toque de calidez poco común.
Los labios de Ana se movieron. Quería decirle a Lucas que se marchara, pero a