Aunque Lucío no tenía ganas de fingir amabilidad con ellas, Hugo y sus padres estaban detrás de él, no quería que vieran alguna debilidad en él, por lo que se vio obligado a forzar una sonrisa y charlar con ellas.
Al ver que su hijo parecía haber aceptado la realidad, Luz finalmente suspiró aliviada.
Ana estaba parada en el segundo piso, su mirada caía sobre Lucío, quien parecía desenvolverse con facilidad en la fiesta.
Ella también entendió que esta fiesta, aunque se decía que era para darle la