Lucas Hernández se subió al auto, pisando el acelerador hasta el fondo con una fuerza implacable, el vehículo salió disparado como una flecha, alejándose rápidamente de la empresa.
A pesar de que la velocidad ya había alcanzado su límite, el hombre seguía apretando los dientes y enfocando su mirada en el camino.
Aquella mujer, más le valía que no le sucediera nada antes de que él llegara.
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Ana López, bajo el asedio de un grupo de personas, finalmente no tuvo más remedio que esconderse deba