Esas palabras solo dieron vueltas en su cabeza, incapaz de pensar en profundidad.
¡Maldición!
Lucas Hernández arrojó furiosamente su pluma sobre el escritorio, soltó su corbata y se levantó para salir y tomar aire fresco.
Al salir, escuchó a unos pasantes que acababan de llegar al trabajo hablando en voz baja sobre chismes.
—¿Vieron ese video? La mujer en el video se me hace muy familiar.
—¿No será esa que solía trabajar aquí en la empresa, cómo se llamaba?
—Ana López. Pero, en aquel entonces pa