La mirada de Ana reflejaba una decepción inexplicable. Lucas, quien conocía mejor que nadie la relación entre ella y su madre, y cómo Pablo había usado la enfermedad de esta última para amenazarla y coaccionarla, sabía cuánto Ana detestaba ese comportamiento.
Sin embargo, optó por torturarla con las mismas tácticas. ¿Qué más podía decirse? Verdaderamente era digno de ser descendiente de la familia Hernández, todos cortados por la misma tijera. Manipuladores y desprovistos de cualquier rasgo huma