Lucas observó el semblante demacrado de Luella, y no le importó en absoluto su opinión, aun si Luella hubiera estado en condiciones óptimas de salud. A sus ojos, este hombre no era más que una hormiga que podía aplastar con un solo pisotón.
Con una sonrisa fría en el rincón de sus labios, Lucas levantó su pie y con un puntapié mandó a Luella volando a una distancia considerable. Luella se estrelló contra la cama del hospital detrás de él, derribando la mesa y haciendo que los objetos se desparra