33. Déjame tirar a mi.
Jareth no dijo nada, se quedó en silencio solo para tomar su decisión y levantarse de su lugar. Sin tan siquiera volver a despedirse de su padre
—Señor, el señorito Jareth se ha ido — le informo Cleotilde a Christian.
—Lo sé y de no haberse ido me habría decepcionado mucho de él — le mencionó el viejo Mars a la Nana, llevándose la taza de té que en ese momento le había puesto a un lado de él la mujer.
—Es hora de que mi hijo deje de hacer al idiota.
Jareth no podía permitir que ella volviera