127. ¿No te hago daño, verdad?
Los ojos de Jareth se abrieron haciendo que se sintieran muy incómodos, a causa de la luz se los frotó y apretó las dos manos que lo estaban sujetando, ni siquiera sabía quién era, no lo había podido confirmar mirándolos a causa de sus ojos los cuales todavía le escocían al abrirlos, pero era normal después de haber pasado tanto tiempo con ellos cerrados.
Pero una de las manos era de su Claire, fina, delicada y que encajaba a la perfección con la suya, así que la otra mano solo podía ser de su