Caminando apresurada hacia el gallinero, Doña Tilita recordó que no tenía nada para defenderse, y si resultaba ser que algún ladrón había caído en la trampa, no podría dominarlo; así que, se dirigió a su casa a buscar el palo con los que le pegaban a los cochinos rebeldes.
Mientras ella revisaba en su escaparate, Don Juan paseaba por la siembra a ver si cosechaba algunos frijoles, pero al pasar cerca del gallinero, también notó que se había caído un poco la puerta, y al acercarse a arreglarla,