412. Decisión
Mike
Caminé en silencio por el pasillo que llevaba a los dormitorios. La noche todavía abrazaba la mansión, pero la energía había cambiado. Era más ligera. Más sensible. Casi como si el aire llevara una promesa de un nuevo comienzo.
Mi mente, sin embargo, estaba en otro lugar.
O mejor dicho... en otra persona.
Melina.
Su nombre resonaba como un susurro en mi cabeza. Y eso parecía surrealista. ¿Cómo alguien con quien apenas intercambié media docena de palabras podía ocupar tanto espacio en mi pensamiento?
Tal vez Juliana tenía razón. Tal vez... era algo en su forma de ser.
La timidez. La dulzura. La forma en que contenía su propio miedo, sin huir. Aquello despertó algo en mí y en mi lobo también.
No fue una broma. No fue una curiosidad pasajera.
Fue un interés real.
Fue el instinto reconociendo algo raro.
Crecimos rodeados de tormentas. Kiara y Juliana son exactamente eso, dos huracanes en forma de lobo. Poderosas, intensas, determinadas.
Y entonces, de la nada, aparece ella.
Melina es