386. El pedido
Kiara
Me quedé parada, tragando saliva mientras veía a los dos aún abrazados en medio del despacho. Mi padre sujetaba a Jason con fuerza, con el rostro escondido en su hombro, los dedos hundidos en el cuero de la chaqueta. Y Jason... Jason tenía los ojos cerrados, las lágrimas cayendo sin resistencia.
Nadie hablaba.
Mi madre sollozaba en voz baja a mi lado, tratando de contener el llanto, pero sin mucho éxito.
No sabía qué hacer. Quería correr hacia ellos y abrazarlos a los dos. Quería decirles