159. Si es niña
Nuria
El camino de regreso transcurrió en silencio. Pero no era el tipo de silencio incómodo. Era ese que pesa en el aire, cargando promesas... y miedo.
Stefanos conducía con una de sus manos firmemente en el volante, mientras la otra permanecía entrelazada con la mía. Su toque era constante. Cálido. Como si él también estuviera intentando creer que aquello era real.
Yo, por otro lado, no podía apartar los ojos del papel en mi regazo. Seis semanas. Seis semanas de vida creciendo dentro de mí.
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