129. Apagón
Nuria
Me desperté con la sensación de vacío.
No era dolor.
Ni frío.
Era... ausencia.
De su calor.
Del peso de su cuerpo en el borde de la camilla. Del sonido ronco de su respiración cerca de mi oído. De su olor mezclado con el de la enfermería.
Intenté moverme. La pierna todavía palpitaba, pero el vendaje estaba firme. El cuerpo más ligero. Menos dolor. Más lucidez.
Pero el lugar a mi lado… estaba helado.
"¿Stefanos?", llamé, la voz ronca, rasposa por dentro. Esperé pasos. Por un toque. Por cua