121. Soy inevitable.
Stefanos
El silencio post-tormenta aún se cernía en el aire cuando su teléfono vibró.
Una. Dos. Tres veces.
Maldita sea.
Todavía estaba dentro de ella cuando esa mierda empezó a sonar. Casi lo ignoré. Casi mandé al mundo entero a la mierda. Pero luego vibró de nuevo. Y de nuevo.
Respiré hondo, apoyando el rostro en la curva del cuello de Nuria.
Todavía caliente. Todavía mía.
"Cinco minutos. Solo cinco malditos minutos...", murmuré contra su piel.
"¿Cinco minutos? Todavía estás encima de mí, lob