Habíamos llegado hacía ya media hora, le había preparado algo para comer, y ahora lo devoraba, mientras yo la miraba. Me encantaba verla feliz.
¿por qué me miras así? – preguntó, justo cuando daba un bocado a la ensalada de canónigos que le había preparado – eres un acechador – me dijo. Reí a carcajadas.