Mundo ficciónIniciar sesiónEl golpe fue suave —tres toques educados— y Camille se ajustó la toalla por una esquina suelta, todavía húmeda por la ducha.
Su piel desprendía un vapor suave por el calor, con las piernas desnudas y brillantes, los rizos oscuros recogidos tras una oreja y los pechos libres bajo el tejido de rizo. Caminó despacio sobre la lujosa alfombra del hotel y abrió la puerta con una mano en la cadera.
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