Sacudí la cabeza, pese a que sentí sus ojos admirándome desde su altura, analizándome de una forma que puso mi vello en punta, que hizo que el sexo me diera un tirón demandando atención que no le pensaba dar.
Cerré la puerta moviéndome por gracia divina, porque no me explicaba cómo podía actuar casi normal estando a su lado luego de escuchar el embrujo que puso Daniel en mi cerebro. En otras circunstancias, no estaría tan ansiosa, no me sudarían las palmas.
―Espero que no te incomode que pase u