Me mordí el labio inferior, subí la camisa para no mostrar de más mis senos y, sin desear alimentar mis ideas de lo más pecaminosas, salí de la habitación, bajé las escaleras con pasos firmes y enfadados, hasta que me eché en uno de los sillones de la sala.
Tenía todo limpio, no tenía trabajo atrasado gracias a mi método infalible para no sobrecargarme con mil tareas. Tenía todo listo, lo que significaba que estaba sola con mis ideas, con mis pensamientos de lo más preocupantes.
Jugué con los d