—Sí.
—Supongo —digo—. Pero sin duda fue una ruptura impactante.
—Lo sé. —Piensa un momento—. Ven aquí.
Me levanto.
—¿Por qué? —Camino lentamente hacia él.
—Siéntate en mi regazo mientras corrijo los exámenes —dice con una pequeña sonrisa. Me río.
Me subo a su regazo de lado y le rodeo los hombros con los brazos. Él me rodea la espalda con un brazo y con la otra mano califica los exámenes. Comienzo a besarle la cara. Le doy pequeños besos en la mejilla, la sien y la mandíbula. Sigue concentrado