En la mansión Álvarez, las horas habían pasado lentamente para Mateo, quien ya se encontraba visiblemente cansado. Había esperado durante mucho tiempo, bebiéndose cuatro tazas de café mientras los padres de Julián se habían retirado para atender otros asuntos. La espera prolongada y el hecho de que Julián aún no apareciera comenzaban a agotar la paciencia de Mateo. Finalmente, decidió que ya era hora de irse.
Justo cuando se puso de pie para retirarse, la puerta se abrió, y ahí estaba Julián, e