María, con su habitual amabilidad, le ofreció a Mateo quedarse hasta que Julián regresara.
—Si no tienes problemas en esperar, Mateo, siéntete libre de quedarte. No debe tardar mucho en llegar.
Mateo, aún sintiendo el peso de la tensión anterior pero reconfortado por la hospitalidad de María, aceptó con una sonrisa.
—No es ningún problema, señora Álvarez, estaré encantado de esperar.
María le sonrió y luego se giró hacia Diego, indicándole que la acompañara fuera de la sala. Cuando llegaron a u