66 - Socios, mis cojones.
Cuando llegaron a su apartamento, Francisco la ayudó a bajar y Sofía la acompañó hasta la puerta.
— Gracias por todo hoy, Sofía — dijo Margaret —. Hiciste un trabajo excelente.
— Gracias, señora Torres. Es un placer trabajar para usted — respondió Sofía con una sonrisa.
Margaret entró en su apartamento, sintiéndose más segura y fuerte que nunca. Colocó a su hijo en su cuna y se sentó en el sofá, dejando que el cansancio del día se apoderara de ella.
En ese momento, su teléfono sonó. Era un mens