Capítulo 36
Miro la maleta sobre la que me apoyé una vez más; ya está completamente cerrada y lista para irnos. He vendido el auto a un tipo de un taller local por un puñado de billetes que me servirán para el viaje, y el taxi que me llevará al aeropuerto de Anchorage está programado para llegar en media hora. Mi decisión está más que tomada: desapareceré de Alaska hoy mismo antes de que al mundo de esta gente rica y peligrosa le dé por quererme borrar del mapa.
Un fuerte golpe suena detrás