Fiorina lo vio en medio de sus piernas, con una rodilla apoyada en la cama y la otra pierna firme en el suelo.
Ella lamió sus labios sin darse cuenta, mientras sus ojos verdes se perdían en esa sensación expectante y placentera que quería seguir alimentando, más y más.
Él comenzó entonces a desabotonar lentamente su camisa negra de manga larga, cada botón soltándose con un pequeño "click" que parecía marcar el ritmo de lo que estaba por venir.
"¡Ah, carajo! ¡Muy lento!"
Pensó ella. Casi