Fiorina supo exactamente a qué se refería ese hombre incluso antes de que él lo dijera en voz alta.
Un beso.
La idea se le instaló en el pecho de golpe, haciendo que el corazón de esa mujer comience a latir con más fuerza.
Sin girar del todo la cabeza, apenas con un movimiento mínimo de sus ojos, notó a doña Verónica y a sus amigas. Fingían estar absortas en la conversación, en las tazas de té, en las flores del jardín. Pero la curiosidad se filtraba igual. Miradas que iban y venían, sonris