Capítulo 55: Ese ardiente beso~

Fiorina supo exactamente a qué se refería ese hombre incluso antes de que él lo dijera en voz alta.

Un beso.

La idea se le instaló en el pecho de golpe, haciendo que el corazón de esa mujer comience a latir con más fuerza.

Sin girar del todo la cabeza, apenas con un movimiento mínimo de sus ojos, notó a doña Verónica y a sus amigas. Fingían estar absortas en la conversación, en las tazas de té, en las flores del jardín. Pero la curiosidad se filtraba igual. Miradas que iban y venían, sonrisas medidas, espera.

Fiorina inhaló despacio.

—No deberíamos… —murmuró en voz baja, sin mirarlo—. Nos están observando.

—Justamente por eso —respondió Giorgio.

Su voz había cambiado. No había rastro del tono burlón de antes. Ya no había juego en sus palabras.

Solo seriedad.

Fiorina alzó la vista. Él estaba muy cerca. Demasiado. Podía ver el brillo tenue de sus ojos grises, la forma en que la luz del atardecer marcaba los ángulos de su rostro, la concentración absoluta en su expresión.

—Es
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