Ella de inmediato supo que el rasguño pasó cuando Massimo se aferró a ella, sin querer dejarla ir.
Su rostro se ruborizó, sintió vergüenza.
—Fue… Fue en el forcejeo… —tragó saliva la mujer con inquietud—. No es tan grave, no están sangrando mucho, son solo rasguños que… ¡Ah!
Fiorina soltó un gritito. Cuando Giorgio la empujó contra la cama.
Pof~
Ella quedó acostada, con su espalda sobre la suave sábana, y con sus pies aún tocando el suelo… O bueno, uno de ellos. Ya que su otra pierna, la que tenía el rasguño, fue elevada levemente por la mano de ese hombre, que la sostenía ahora con firmeza.
Fiorina se quedó helada, viendo a su jefe encimándola.
Él tenía una de sus rodillas en medio de las piernas de ella, una de sus manos agarrando del muslo herido, y la otra mano apoyada al borde de ella, contra el edredón.
—¿Esperas que vuelva a la fiesta, con mi prometida en estas condiciones? Lo primero que pensarán, esque fuí yo quien te hizo daño. Fuiste descuida —soltó él con u