El Ferrari estaba detenido frente al edificio de Brera.
El motor apagado dejó total silencio dentro del auto, solo interrumpido por el sonido lejano de la ciudad.
Giorgio no hizo el movimiento inmediato de bajar. Permaneció con una mano apoyada en el volante y la otra descansando cerca de su muslo.
Su postura seguía recta, pero algo en él había cambiado. Ese hombre ya no estaba a la defensiva, estaba pensando en cómo decir algo que llevaba tiempo guardado.
Fiorina lo notó.
Ella tampoc