El Ferrari entró en una calle adoquinada, y las luces se reflejaron de forma irregular sobre el parabrisas.
—Fueron ellos quienes propusieron a Chiara como sustituta de Ginevra —continuó Giorgio—. Aun cuando era solo una adolescente. Una niña.
Fiorina apretó los labios.
—¿Y tú aceptaste esa idea? —preguntó, tensa.
—No —respondió él sin dudar—. Me negué desde el primer momento.
Ella lo observó con atención, buscando fisuras.
—¿Nunca dudaste? —preguntó Fiorina, su voz apenas un sus