Capítulo 11: Cumplir los deseos de mi esposa.
Fiorina tomó asiento delante del señor Marchesani, su jefe. Ella exhaló, mientras en sus manos sostenía su bolsa.
Él se irguió en su silla, sus manos entrelazadas sobre el escritorio, su mirada gris gélida en su empleada.
—¿Su repuesta? —preguntó sin rodeos.
Ella asintió levemente.
—Estoy pensando en aceptar… pero…
Fiorina hizo una pausa, él arqueó una ceja, con cierta pizca de curiosidad.
—Hable, señorita Cassini. Si hay algo con lo que está inconforme, dígamelo. ¿Tiene el documento con usted?
Fiorina se levantó y abriendo su bolso, sacó el sobre blanco que colocó sobre el escritorio de su jefe.
—Leí todo con atención. Cada línea, cada párrafo… —la mujer comenzó a caminar lentamente frente al escritorio, mientras su mano rozaba suavemente el borde del mueble. Y el CEO al otro extremo revisaba el documento.
Giorgio encontró una cláusula añadida por Fiorina. Apoyó su codo en el escritorio y llevó su mano a su mentón acariciando su barbilla lentamente.
—¿"De