Capítulo 11: Cumplir los deseos de mi esposa.
Fiorina tomó asiento delante del señor Marchesani, su jefe. Ella exhaló, mientras en sus manos sostenía su bolsa.
Él se irguió en su silla, sus manos entrelazadas sobre el escritorio, su mirada gris gélida en su empleada.
—¿Su repuesta? —preguntó sin rodeos.
Ella asintió levemente.
—Estoy pensando en aceptar… pero…
Fiorina hizo una pausa, él arqueó una ceja, con cierta pizca de curiosidad.
—Hable, señorita Cassini. Si hay algo con lo que está inconforme, dígamelo. ¿Tiene el doc