63. COLOR DE ROSAS
TRINITY
—¿Qué pasó?
—No, no, cariño, tranquila, no es nada súper grave, creo, no sé cómo te lo vas a tomar —frunció el ceño, sus ojos se desviaban a mis labios, mi cuello y escote.
Bajé la mirada y, ¡santo cielo!
—Nathan, qué rayos, ¿cómo oculto esto ahora? —me toqué un poco.
Me había mordisqueado y besuqueado toda, tan dominante, siempre queriendo dejar su marca como los perros con la orina.
—No te toques, lo vas a empeorar… —sostuvo mi mano.
—¡¿Cómo se va a empeorar esto?! —respiré hondo